02 agosto 2008

Ja!


Era como si aquel baile demostrara que su espititu de sacrificio, aquella especie de deseo entusiastico de hacer todo lo que queria Tomas, antes de que él lo dijiera, no estuviera ni mucho menos necesariamente ligado a la personalidad de Tomas, si no a punto para responder a la llamada de cualquier otro hombre que encontrara en su lugar. Nada más facil que imaginar que Teresa y su compañero eran amantes. ¡La facilidad con que podia evocarse aquella imagen le dolia! Se dio cuenta de que el cuerpo e Teresa, sin el menos inconveniente, era imaginable unido amorosamente a cualquier otro cuerpo masculino y le dio un ataque de malhumor. no reconocio que estaba celoso hasta m uy entrada la noche, cuando regresaron a casa.


Aquellos celos absurdos, que no se referian mas que a una posibilidad teorica, eran la prueba de que consideraba que su fidelidad era un condicion imprescindible. ¿Como podia entonces reprocharle que ella tuviera celos de sus amantes, estas si absolutamente reales?

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