22 marzo 2008

Los Suicidas...



…había formulado su deseo y ya no podía dar vuelta a tras, ya no tenía sentido que estirara sus brazos llenos de nostalgia y buena voluntad y estuviera dispuesto a atarse y vivir en comunidad: ahora los demás lo dejaban solo. Eso no significaba que lo odiaran o les resultara repugnante. Por el contrario, tenía muchos amigos. Muchas personas lo querían. Pero lo que encontraba no era más que simpatía y amabilidad…



Pero así como hay naturalezas que tienden a levantar fiebre ante la más leve enfermedad, esas personas que llamamos “suicidas” y que son siempre muy perceptivas y sensibles tienden a entregase intensamente a la fantasía del suicidio ante la más pequeña afección.



Gran parte de estas naturalezas son totalmente incapaces de cometer alguna vez el suicidio real […] A pesar de todo, para nosotros los suicidas, porque ven su salvación en la muerte y no en la vida, porque están dispuestos a deshacerse de sí mismos, a entregarse, a disolverse y a regresar al origen.



…la idea de que camino a la muerte estaba disponible a cualquier hora no sólo resultaba un juego juvenil y melancólico de su fantasía, sino que le sirvió para construir un consuelo y un sostén. A pesar de ello –como en toda persona de su clase- cada afección, cada dolor, casa situación desagradable de la vida, volvía a despertar en él el deseo de evadirse a través de la muerte.
“Siento curiosidad por ver cuánto puede soportar el ser humano, Si alcanzo el límite de lo aguantable, no necesito hacer más que abrir la puerta y escapar”. Hay muchos suicidas que obtienen fuerzas extraordinarias gracias a este pensamiento.



Por otro lado, los suicidas conocen bien la lucha contra la tentación de matarse. En algún rincón de su alma, todos saben que el suicidio es una escapatoria, pero algo mezquina e ilegítima, y que en el fondo es más hermoso dejarse ganar y doblegar por la vida que por la propia mano. Esta certeza, esta conciencia intranquila cuya fuente es idéntica a la de la conciencia sucia de los onanistas, conduce a la mayoría de los “suicidas” a una lucha constante en contra de su tentación. Pelean así como el cleptómano pelea contra su pecado.

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